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sábado, 17 de mayo de 2014

Contradicciones en el imperio

Contradicciones en el imperio



DIARIO EL LITORAL DE SANTA FE http://www.ellitoral.com/


Los estadounidenses se consideran uno de los pueblos más religiosos del planeta, pero una encuesta divulgada hoy indica que los ateos y los agnósticos se cuentan entre quienes más saben sobre los distintos credos.

El Foro Pew sobre Religión y Vida Pública hizo su encuesta en junio entre 3.412 adultos con 32 preguntas y, en promedio, los participantes fueron capaces de responder la mitad del cuestionario. Los ateos y agnósticos lograron un promedio de 20,9 respuestas correctas; de cerca los siguieron los judíos, con un 20,5, y los mormones, con 20,3 respuestas acertadas. Los protestantes en conjunto mostraron un promedio de 16 respuestas correctas y los católicos, uno de 14,7, señaló el informe.

Entre los católicos blancos, el promedio de respuestas correctas estuvo a la par del general, con 16 aciertos, y entre los católicos hispanos el promedio bajó a 11,6 respuestas correctas.

Diferencias parecidas hubo entre los protestantes blancos, con 15,9 aciertos, y los protestantes negros, con un promedio de 13,4 respuestas correctas.

La encuesta muestra otros detalles: los cristianos del Sur de EE.UU., que son los más apegados a la Biblia, son los que menos la conocen; quienes creen que la Biblia es la palabra literal de Dios tuvieron peor promedio de respuestas que quienes no creen que la Biblia sea la palabra de Dios literalmente.

De once preguntas sobre otros credos religiosos en el resto del mundo el promedio de respuestas acercadas fue de cinco. Pero en esta categoría el promedio de acierto entre los judíos fue de 7,9 y entre los ateos y agnósticos, de 7,5.

La encuesta encontró que más del 45 por ciento de los católicos en EE.UU. no sabe que, según la doctrina de su iglesia, el pan y el vino que se usan en la comunión no “simbolizan”, sino que se convierten en el cuerpo y la sangre de Jesús.

El 53 por ciento de los protestantes no identifica correctamente a Martín Lutero como el individuo cuyos escritos y acciones inspiraron la Reforma Protestante.

El 37 por ciento de los encuestados dijo que leía la Biblia u otras escrituras sagradas al menos una vez por semana. Pero el 48 por ciento de los estadounidenses afiliados a algún credo religioso indicó que “rara vez” o “nunca” lee otros libros religiosos aparte de la Biblia.

jueves, 6 de febrero de 2014

ESOS FERVOROSOS DOMINGOS DE RAMOS

DEL ESCRITOR INÉDITO HOMERO ALCIBÍADES RACETO

ESOS FERVOROSOS  DOMINGOS DE RAMOS

  
El domingo de ramos, para los creyentes cristianos, inicia la SEMANA SANTA, y es la entrada triunfal de Jesús, en la ciudad de Jerusalén, teniendo Él bien conocido, que iba directamente al patíbulo.
  
Se montó en un burrito, según cuentan los evangelistas; animal de carga, que era usado por la gente pobre y de trabajo; sus seguidores lo acompañaron con mucho regocijo, aclamándole a su paso como a su Rey, y adornando todo su paso con el agitar de ramas de olivo y palma.
  
Un Rey, que ponía los pelos (y las barbas) de punta, a los fariseos, doctores de la Ley, que esperaban otro tipo de Mesías, y para quienes, era Jesús un agitador social, no comprendiendo ninguno de los milagros realizados en sus tres años de predicación; en muchas de esas locuciones de Jesús,   se habían sentido aludidos, y les remordía la conciencia, por los puntos que el con sabiduría, siempre les ponía: su hipocresía, su fanatismo por la Ley de Moisés, su desprecio por los pobres, su soberbia, orgullo, y desprecio por todo ese pueblo humilde, que en buena fe y con sanas intenciones, lo seguía.


  
Entrada triunfal en Jerusalén, arrimándose como el Cordero inocente, al sacrificio al que debía someterse, para cumplir la palabra del Padre, y para redimir a la humanidad de sus pecados e iniquidad.
  
Quiero relatar algunas experiencias de mi niñez, tiempos por los que entonces oficiaba de monaguillo (acólito al servicio del sacerdote, en los ritos litúrgicos de la Santa Misa).
  
Épocas preconciliares, en las que el celebrante oficiaba el rito de la eucaristía (palabra que significa acción de gracias) de espaldas a los fieles, con suntuosos ornamentos, y relatando todas las oraciones en latín, salvo la homilía, que a falta de equipos de sonido, la debía hacer a viva voz, y en ese tiempo todavía, subido a un púlpito que estaba próximo a una columna, casi en la mitad de la nave central del templo.
  
Templo abarrotado de feligreses, apiñados, soportando los calores del fin de verano, sin ventiladores, y vestidos con sus mejores prendas: los hombres, con traje, pantalón y saco al tono, camisa generalmente blanca, e infaltable corbata; algunos llevaban sombreros, que respetuosamente se lo quitaban de sus cabezas, al ingresar al sagrado recinto. Las mujeres, no usaban pantalones; faldas largas, con mangas al menos hasta los codos, y cubiertas sus cabezas con una mantilla, también en señal de respeto a lo sacrosanto   del recinto en que se encontraban. Algunas usaban un abanico, para aliviar los sofocones que provocaban la temperatura y el hacinamiento del ambiente.
  
Entre los fieles asistentes, había de todo: los que no entendían absolutamente nada, ya sea por el ritual declamado en latín, o por su escasa preparación religiosa, proveniente de un catecismo que hablaba de un Dios muy lejano, vengativo, siempre enojado con los pecadores, y capaz de propinar los más crueles castigos a los que se apartaran de su camino; los más instruidos, poseyendo una fe cimentada en el conocimiento, llevaban la mejor parte en el aprovechamiento de los ritos que se ofrendaban al Señor; los ascéticos,  y otros hipócritas, usaban estas celebraciones, como una vidriera para vender  “todo lo buenos que eran”, y su siempre dedicada atención a la sociedad.
 
Pero volvamos a los monaguillos; grupo selecto de niños, escogidos con los procedimientos más discriminatorios que puedan conocerse  libreta de matrimonio religioso de los padres; asistencia de ellos a la misa dominical y en mejor grado si se sumaban a algunas de las de entre semana; conducta intachable en la escuela, demostrando ser modelos para los “vagos” y los que provenían de otras familias, que no estaban tan comprometidas con el accionar de la parroquia.
  
Nos vestían de fiesta; pollera, que llegaba a los pies, ajustada a la cintura por un elemento maleable o por un cordón; las mangas, eran de color rojo, como la pollera, y se sujetaban por encima del codo; un roquete blanco y almidonado, con puntillas y bordados, cubrían a las anteriores; y por sobre ello, una capa tipo babero, que completaba con elegancia la investidura apropiada para asistir al rito misal.
  


Como monaguillos, lo que nos gustaba, era tocar las campanillas; esto tenía lugar en el momento central de la celebración eucarística, y debíamos hacerlo con cuidado y devoción; al Hermano Rogelio, instructor de los monaguillos, y sacristán del templo, no le gustaba que lo hiciéramos con violencia, sino de una manera devota y sin estridencias. Este mismo religioso, era el que nos instruyó en el latín básico, para dar las respuestas oportunas, a las invocaciones del sacerdote.
  
Volviendo al Domingo de Ramos, se bendecían los ramos de olivo que traían en profusión los asistentes; muchas supersticiones se originaron y se practicaban  a propósito de la tenencia de esos ramos benditos, luego en los hogares; se le atribuían propiedades milagrosas, y en los días de fuertes tormentas, se quemaba alguna de las hojitas de los ramos ya marchitos, propiciando el cese del temporal.
  
La tenencia de estos ramos benditos, para el creyente leal y correcto, tenía una significación mucho más espiritual: perpetuar esa entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén, con un significado alegórico que respondía a la conversión, a la reconciliación, concordante con dejar que invada el alma de los fervorosos, la presencia de ese Jesús, centro de la historia cristiana, inaugurando esa semana en la que se conmemoran su pasión, muerte y resurrección, en el glorioso día de la Pascua.

  HOMERO ALCIBIADES RACETO