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jueves, 9 de enero de 2014

Periodismo oficial y periodismo militante

HOY ESTOY REDUNDANTE CON ESTO DEL PERIODISMO, PERO LA SEGUIMOS SI?

Periodismo oficial y periodismo militante



La credibilidad periodística sólo se construye en el ejercicio honesto y sistemático de la crítica y en la búsqueda de la verdad

La última declaración del grupo de intelectuales kirchneristas denominado "Carta Abierta" realizó un valioso aporte al debate público. Denominó "periodismo oficial" a la red de empresas periodísticas que dependen para subsistir de la pauta publicitaria del Estado. Era hora de que, desde las inmediaciones del poder, se designara con el término adecuado a esa cadena de medios que prospera a la sombra del Gobierno.
La fórmula "periodismo militante", que se utilizó hasta el hartazgo, era no sólo incorrecta, sino injusta. El periodismo militante, de larga tradición, es el que cultivan todos aquellos que, corriendo riesgos económicos y, muchas veces, políticos, fundan un órgano de prensa para defender una idea, una concepción del mundo. La cultura política occidental debe muchísimo a ese periodismo que enriquece el debate ofreciendo una visión de la realidad desde un punto de vista explícito. Muchos diarios nacieron al amparo de ese impulso, la mayoría de las veces para expresar a partidos políticos o núcleos ideológicos.
Sería engañoso y, sobre todo, mezquino para esa noble tradición, extender la calificación "militante" a diarios, radios, páginas de Internet o canales de TV que sólo se proponen como órganos de propaganda del Gobierno. A diferencia del anterior, este género se alimenta del dinero de los contribuyentes y, en vez de elaborar una imagen propia de la vida pública, reproduce la que le indican desde las oficinas de la burocracia. Para esta forma de divulgar los slogans del poder resulta mucho más ajustada la expresión "periodismo oficial".
El kirchnerismo creó, y alimenta con recursos del Estado, un grueso anillo de medios destinados a hacer campaña en favor de sus decisiones y, sobre todo, en contra de las posiciones ajenas. Esa maquinaria es tan grande que amenaza con ser un verdadero monopolio. En el centro de esa red está el Grupo Veintitrés, liderado por Sergio Szpolski, que incluye Radio América, CN23, varios diarios como Tiempo y El Argentino, y las revistas Veintitrés, Forbes y Newsweek.
El grupo Szpolski mantiene vidriosas vinculaciones con el aparato de inteligencia del Estado. Su gerente financiero es Juan José Gallea, quien ocupó la Dirección de Finanzas de la ex SIDE durante la presidencia de Fernando de la Rúa. Gallea ocupaba ese cargo durante el episodio de presuntas coimas pagadas en el Senado. El juicio oral y público por ese caso se está llevando adelante en estos días. Al cabo del primer cuatrimestre de este año, el grupo Szpolski se benefició con un incremento del 114% de publicidad oficial respecto del mismo período de 2011.
El Grupo Uno, con sede central en Mendoza, es el segundo conglomerado del país si se lo mide por su volumen. Pertenece al ex diputado y ex ministro del Interior de Carlos Menem, José Luis Manzano, y al empresario Daniel Vila. Manzano y Vila enfrentaron con dureza la ley de medios porque su vigencia los obligaría a desprenderse de algunos medios. Pero hoy constituyen otra de las plataformas de comunicación del oficialismo. El aumento de la publicidad oficial para este grupo, si se compara el primer cuatrimestre de este año con el mismo período del año anterior, fue del 847 por ciento.
La solidaridad del Gobierno con estos pseudoempresarios no sólo se refleja en la distribución de publicidad. Manzano y Vila consiguieron en diciembre pasado que la Gendarmería ingresara en la sede porteña de la empresa Cablevisión, del Grupo Clarín, para hacer cumplir una orden de un cuestionado juez federal de Mendoza por una causa originada en Salta.
El Gobierno consolidó también su gravitación en el denominado Grupo Hadad (C5N, Radio 10 e Infobae). El zar del juego Cristóbal López, beneficiario de innumerables decisiones oficiales de la Presidenta y de su fallecido esposo, ingresó en esa empresa contrariando algunas cláusulas de la ley de servicios de comunicación audiovisual impulsada por el kirchnerismo, entre ellas la que impide que un operador de servicios públicos sea licenciatario de medios de comunicación.
En la misma transgresión incurren Gerardo Luis Ferreyra y Osvaldo Acosta, dueños de Electroingeniería, habitual adjudicataria de obras públicas. Ferreyra -antiguo amigo del titular de la Secretaría Legal y Técnica, Carlos Zannini-y Acosta compraron Radio del Plata a fines de 2008. Desde entonces, la audiencia de esa emisora fue perdiendo oyentes, pero ganando publicidad del Estado.
Hay casos de periodismo oficial que son llamativos no por su dimensión sino por sus procedimientos. Es el caso de Debate, la revista que dirige Marcelo Capurro, que promueve la imagen de Miguel Galuccio y ejerce una vocería informal de su gestión al frente de YPF, cuya área de comunicación está a cargo de Doris Capurro, la esposa del director. Esta inquieta socióloga dirige, además, la encuestadora Ibarómetro, que fue la más entusiasta divulgadora de los espectaculares rangos de adhesión que obtuvo la Presidenta con la confiscación de la petrolera. ¿Dónde se publicaron los datos del sondeo? En Debate, claro.
Un capítulo aparte merece el diario Página/12, que ha visto caer sus ventas casi diez veces desde sus mejores tiempos, cuando era dirigido por Jorge Lanata, y sin embargo nunca recibió tanta publicidad oficial como en los últimos años.
Como en otras áreas de su actuación, en el campo mediático el Gobierno prefiere no quedar limitado al aparato de comunicación, de por sí elefantiásico, con que cuenta el Estado. Prefiere constituir, con fondos públicos, una cadena paraestatal. Ese método presta sus mejores servicios cuando el kirchnerismo decide vituperar a un "enemigo". Es el momento en que esa red de diarios, portales digitales, radios y canales de TV funciona como una gran maquinaria de difamación.
El ataque desde el poder estatal pretende enmascararse como un ejercicio crítico de la prensa. El método reproduce en el campo de la información el formato utilizado por los Kirchner en Santa Cruz, y también en la escala nacional, como se verificó en el conflicto del campo, cada vez que se encontraron ante una protesta popular; no sería la policía sino grupos paraoficiales de civiles los que actuarían como fuerza de choque. La imagen de un gobierno que reprime a los disconformes intenta ser sustituida por la de una saludable confrontación entre iguales en el seno de la democracia. Del mismo modo, la intimidación mediática que ejerce el Gobierno, que es una forma de censura, pretende ser presentada como un debate entre medios de comunicación privados.
Este curioso "periodismo de amigos" que tanto se ha extendido bajo la actual administración presenta límites imposibles de ser superados. El más evidente es que ninguna de las empresas de esta cadena oficial ha conseguido producir un éxito editorial. Con la promesa de que ofrecerán a la Presidenta un escuadrón agresivo y eficiente en su guerra contra la "corporación mediática", que es como llaman al periodismo profesional, le arrancan más y más recursos al Estado. Pero a la hora de cumplir con lo pactado, defraudan a su amo, porque carecen de lectores y de audiencias interesados en su mensaje.
No hay novedad en el fenómeno. Muchos gobiernos anteriores al de los Kirchner cayeron en la trampa con la misma ingenuidad. En su obstinación por combatir una visión independiente de la realidad, perdieron de vista que la esencia del oficio periodístico es la credibilidad. Y que esa credibilidad sólo se construye en el ejercicio honesto y sistemático de la crítica. Esta es la barrera que ningún proceso autoritario ha podido derribar.

Entrevista con Víctor Hugo Morales

Entrevista con Víctor Hugo Morales


La espera se hace larga mientras Víctor Hugo Morales es entrevistado por tres jóvenes en su oficina del cuarto piso de Radio Continental. No dura mucho tiempo ese reportaje, quizá diez minutos, pero se hacen eternos. Afuera esperan también otros dos periodistas de una agrupación judía denominada Conmigo no, Bergman y del diario Miradas al Sur.

A las 17.30 se abre la puerta y pasamos Alejandro Caminos y yo. Apenas después del cordial saludo, Víctor Hugo, asistido por su hermano y otro colaborador, que le preparan el mate y ordenan algunos de sus papeles, atiende el llamado de colegas mexicanos. 

En una entrevista concedida a Tiempo Argentino durante noviembre de 2010, usted dijo: “No me interesa señalar a los soldados de Clarín, sino a los generales como (el director ejecutivo del Grupo Clarín, Héctor) Magnetto”. ¿Cómo es su relación con los periodistas de ese grupo? 

Con Nelson Castro tengo un afecto que no decrece. Puede ser que con los periodistas en particular me resulte mucho más fácil, porque no veo lo que hacen en esos medios, excepto TN. Si no escucho a alguien no me enojo, en caso de que eso pudiese ocurrir. 

La revista Noticias lo consideró “el peor periodista de 2010”. ¿Por qué cree que una editorial (Perfil) para la que trabajó hasta hace unos años ahora intenta desprestigiarlo? 

Me fui de Perfil por una traición ética, como un caballero, sin decir porqué me había ido. Di lo mejor de mí y fui crítico de (el presidente de la AFA, Julio) Grondona y de la estafa de Clarín y Torneos y Competencias con el fútbol, hasta que un mal día ese diario publicó una nota en la que se decía todo lo contrario a lo que siempre propuse. (El director de la Editorial Perfil, Jorge) Fontevecchia sintió que tuve una actitud de desprecio –efectivamente fue así- y, aunque intentó reincorporarme, me ve como un enemigo. 

¿Qué es lo que más le molesta de las operaciones mediáticas que pretendenensuciar su nombre? 

No poder equilibrar la fuerza que tienen, estoy siempre en desventaja. No tengo cómo rebatir sus palabras en igualdad de condiciones. De todas maneras he tenido mucha suerte, porque ClarínLa Nación y Perfil están en sus peores niveles de credibilidad, y eso sirvió como paraguas. La gente levantó sus defensas con respecto a las mentiras de esos medios. 

En su autobiografía Víctor Hugo x Víctor Hugo, publicada en octubre de 2009, afirma que el periodismo “tiene que ser necesariamente opositor”. ¿Se puede estar de acuerdo entonces con programas como 6, 7, 8 o con “periodistas militantes”? 

Sí, porque la oposición que yo definía en ese momento era la política. Las circunstancias transformadoras de estos años nos demostraron que el único poder no es el del gobierno. Soy opositor al gran poder, que es Clarín, los medios dominantes y las corporaciones. Sin embargo sigo pensando de la misma manera: hay que mantener distancia de los protagonistas. Toda relación que uno tiene con ellos, nos debilita. 

Muchas veces señaló que no es bueno el reparto de publicidad oficial. ¿Cómo podría ser más justo? 

Es difícil determinarlo. Lo seguro es que no se le puede dar más a los que más tienen. Siempre he querido que no exista la publicidad oficial, pero hay otras variantes. No caben dudas de que este gobierno no fijó una doctrina respecto a ese tema, fue uno de sus peores manejos. Todavía espero que establezcan un método. 

El viernes 17 de junio le entregó el premio Rodolfo Walsh a Hebe de Bonafini en La Plata. ¿Por qué Patricia, la hija de Rodolfo, se opuso a esa distinción? 

Por pertenencia, porque el contexto político y periodístico le hizo pensar que Bonafini está mal vista por una parte importante de la sociedad y ella siente que el apellido de su padre es rozado en su dignidad por la entidad de quien recibe el premio. Discrepo con esa opinión, pero la respeto. Hebe es una gran luchadora y una muy buena persona.

Los medios oficialistas y opositores

Los medios oficialistas y opositores


El portal Seprín publicó hoy un artículo en el que informa que el Gobierno Nacional habría comprado el canal Telefé y estaría buscando quedarse con la encuestadora Ibope. Si esto es verdad, es contradictorio que el Gobierno, en disputa con el Grupo Clarín y defendiendo a ultranza el artículo 161 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, que prevee la reducción de buena parte de las licencias de Clarín, siga acumulando medios afines.

Sobre el final de la nota, Seprín enumera los medios "del Estado". Por consiguiente, abajo enumeraré algunos de los medios oficialistas y opositores más importantes.

Medios oficialistas:

DiariosPágina 12 - Grupo Szpolski: (Tiempo Argentino - El Argentino - Buenos Aires Económico - Diagonales (La Plata) -  Semanario Miradas al Sur).

Revistas: Grupo Szpolski: (Veintitrés - Veintitrés Internacional - Newsweek - 7Días - Asterisco - Contraeditorial); Sueños compartidos (de Madres de Plaza de Mayo) -Caras y Caretas.

AudiovisualesLa TV Pública (Canal 7) - Productora PPT (Pensado para Televisión): Programas 6, 7, 8 (en la TV Pública) - TVR y Duro de Domar (en Canal 9) -Radio Nacional - Radio América - Radio Del Plata - CN23  (no emitido por Cablevisión, empresa proveedora de cable del Grupo Clarín) - Agencia de noticias Télam.

Medios opositores:

Diarios: Grupo Clarín: (Clarín - La Razón) - La Nación - Semanario Perfil - Ámbito Financiero - El Cronista Comercial.

RevistasNoticias.

Audiovisuales: Grupo Clarín: (Canal 13 - TN - Radio Mitre - FM 99.9 La Cien) - Canal América - Canal 26 - Canal Metro.