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miércoles, 2 de julio de 2014

ADICCIÓN Y RECUPERACIÓN

ADICCIÓN Y RECUPERACIÓN

por Laura Lyles de Reagan

En cualquier sociedad entre el 10% y el 15% de la población son alcohólicos o adictos. En las Américas el problema existe en proporción epidémica. Estos enfermos tienen familiares. Entonces más de la mitad de la sociedad vive con el problema. Hoy en día está reconocida la adicción como una enfermedad. Obviamente el alcoholismo es una adicción al alcohol. En VENCEDORES, utilizamos una definición general de adicción porque no importa cuál sea la substancia o conducta en que se abusa; el proceso de adicción es el mismo en cada ser humano.

La Organización Mundial de la Salud dice "cuando el uso de una substancia causa daño en una área importante de la vida del individuo, este individuo es un dependiente químico." ("Dependiente químico" es otro nombre para un adicto o alcohólico.) Los familiares también sufren de una enfermedad que se llama codependencia. Una experta en el campo, Sharon Wegscheider-Cruce dice, "La codependencia es una adicción a una persona y sus problemas." 
[Taller sobre Hijos Adultos de Alcohólicos con Sharon Wegscheider-Cruce and Rokelle Lerner, Rocky Mountain Council on Alcoholism, Denver, Colo., Enero de 1984.] La codependencia es un complejo de conductas y actitudes problemáticas que una persona desarrolla para sobrevivir en una situación familiar de caos, como el alcoholismo. Cada alcohólico tiene por lo menos un codependiente en su vida. Ambas dependencias, la dependencia química propiamente y la codependencia, tienen las mismas características en común porque ambas son adicciones. 

Las dos características primordiales son obsesión y compulsión. Obsesión es la preocupación mental centrada en la substancia, relación, conducta o evento que es el enfoque de la adicción en particular. Por ejemplo, el adicto al trabajo piensa obsesivamente sobre las cosas que él necesita cumplir, y sus sentimientos de culpa lo empujan a tratar de lograr más. La compulsión es la conducta o el comportamiento que actúa en base de la obsesión mental. Las doce horas en la oficina del adicto al trabajo son la magnitud de la compulsión de su adicción.

La obsesión y la compulsión vienen de una hambre viciosa que se convierte en una pérdida de control en todas las áreas de la vida del alcohólico o adicto. Clásicamente el codependiente pierde el control de su propia vida por la preocupación obsesiva sobre la vida del alcohólico o adicto. Pero el síntoma más evidente y más peligroso de la adicción y la codependencia es la negación. La adicción es la única enfermedad que dice al enfermo que "no existe un problema." El alcohólico frecuentemente dice, "yo puedo dejar de beber cuando quiero." Y muchos alcohólicos han tenido muchos intentos sinceros de dejar de beber. El problema es que están viviendo en negación de la obsesión y compulsión de su enfermedad y que no saben cómo vivir sobrios.
Muchos cristianos también viven la trampa de la negación, pensando que el proceso de adicción no les toca. La enfermedad de adicción afecta toda la persona: física, mental, emocional y espiritualmente. Esta enfermedad espiritual está basada en la naturaleza del pecado que cada ser humano comparte. El proceso de adicción ocurre cuando nosotros tratamos de sustituir algo por nuestra necesidad de Dios. Podemos utilizar una relación, una substancia, aún un sistema, como la religión, como sustituto de nuestra necesidad espiritual. Por ejemplo, nosotros podemos practicar una religión compulsivamente, descuidando áreas importantes de nuestras vidas, como la familia, en lugar de tener una relación personal y viva con Jesucristo. Muchos cristianos no viven una vida de victoria como vencedores porque se sienten esclavos de sus adicciones y compulsiones. Ellos se preguntan en privado "¿Dónde está la vida abundante que la Biblia promete?" Nosotros vivimos en vergüenza y culpa y no compartimos estos sentimientos con los hermanos porque la iglesia está reforzando nuestra negación. La honestidad acerca de nuestras vidas ingobernables no concuerda muy bien con nuestra máscara cristiana. Hemos tratado de vivir la vida cristiana con nuestras propias fuerzas y recursos. Por eso, nos sentimos derrotados. Los Doce Pasos pueden proveer una salida. 

Cuando examinamos los Doce Pasos de Alcohólicos Anónimos y Al-Anon podemos ver claramente que ellos tienen su base bíblica. Bill Wilson, el fundador de Alcohólicos Anónimos, describió su conversión y camino a la sobriedad así: "Encontré al Dios de los predicadores." Él fue influido grandemente por el Grupo Oxford, que era un movimiento evangélico dedicado a recobrar el "cristianismo primitivo," y el Reverendo Sam Shoemaker, que era pastor episcopal y el líder de este grupo. Muchas de las ideas de los Doce Pasos salieron del curso de discipulado del Grupo Oxford. El doctor Bob, cofundador de Alcohólicos Anónimos, estuvo convencido sobre el énfasis cristiano de los Doce Pasos. Él tenía una lista de lecturas recomendadas para todos con quienes él trabajó en Alcohólicos Anónimos. En esta lista se encontraba la Biblia en general, especialmente el Sermón del Monte, el Padre Nuestro, el libro de Santiago y el capítulo trece de Primera a Corintios.[Dr. Robert Hemfelt, Dr. Richard Fowler, Dr. Frank Minirth, Dr. Paul Meier, The Path to Serenity (El Camino de la Serenidad)].

Los Doce Pasos son el tratamiento más exitoso en el mundo para la recuperación de las adicciones. Para familias alcohólicas y/o disfuncionales, los Doce Pasos pueden ser el curso de discipulado perfecto y específico para sus necesidades. Hemos visto que muchos de nosotros como cristianos compartimos el proceso de adicción en nuestras vidas. Los Doce Pasos pueden servirnos como un modelo de crecimiento en general, y un camino a la serenidad. Este movimiento está creciendo dinámicamente en las Américas, en parte porque todos pueden compartir de sus vidas en un ambiente de aceptación, comprensión y amor, sin el miedo de ser juzgados. ¿Por qué no recobramos estas cualidades del cuerpo de Cristo como iglesia suya?

blog http://www.christianrecovery.com/v/

jueves, 15 de mayo de 2014

Los argentinos, segundos en la región en consumo de alcohol

fuente DIARIO CLARÍN

Los argentinos, segundos en la región en consumo de alcohol


POR VALERIA ROMÁN

Lo reveló un informe de la OMS presentado ayer. En promedio se toman 9,3 litros por año, apenas por debajo de Chile. Preocupa el abuso ocasional, que afecta al 12% de los mayores de 15 años.


El sabor de los encuentros con alcohol es bastante amargo. Después de Chile, la Argentina ocupa el segundo lugar en el ránking de América latina por el consumo de alcohol, según el informe que publicó ayer la Organización Mundial de la Salud, la agencia sanitaria de Naciones Unidas. Ese consumo lleva a accidentes de tránsito, situaciones de violencia, cirrosis hepática y cáncer, entre otras 200 enfermedades.
Este problema sanitario está presente desde hace décadas en el país. El pico mayor del consumo por persona fue en 1966 con más de 17 litros de alcohol (si se lo considera puro). Fue bajando el consumo de bebidas como whisky, ginebra o vodka, y desde 1998 fue creciendo el consumo de cerveza. En el informe de la OMS se menciona que el consumo por persona (en mayores de 15 años) en la Argentina bajó desde 9 a 6,9 litros en promedio entre los años 2003 y 2005 y 2008 y 2010.
Si bien la ingesta de alcohol fue descendiendo, existe preocupación por el consumo episódico excesivo, que se produce cuando un varón toma más de 5 tragos con alcohol en menos de 3 horas o una mujer toma 4 tragos. “El consumo episódico fue en aumento en la población que tiene entre 15 y 30 años en Argentina. Generalmente consumen los fines de semana. Ese incremento también subió la tasa de mortalidad en esas edades, lamentablemente”, contó a Clarín Aldo Dománico, coordinador del programa de prevención frente al uso excesivo de bebidas alcohólicas del Ministerio de Salud de la Nación.
Es que el país entero “naturalizó” el consumo de bebidas con alcohol, advirtió el funcionario. “Se piensa que si no se consume alcohol, no habrá diversión. Se hacen cumpleaños de 15 y no se tiene en cuenta que los menores no deben tomar alcohol. Es un problema que excede lo sanitario: involucra a las empresas, los gobiernos locales y a la sociedad civil”.
Uno de los mitos es que algunos piensan que beber sólo los fines de semana no hace daño. La realidad es que el daño no depende del día en el que se ingiere, sino principalmente del vínculo que se establece con la sustancia. Además, influye la cantidad que se ingiere, la frecuencia y la velocidad. Es decir, el consumo nocivo de alcohol tiene su impacto: las personas pueden sentirse desinhibidas con algo de alcohol y se favorecen prácticas sexuales de riesgo, embarazos no planificados o enfermedades de transmisión sexual, entre otros problemas. Así, en Argentina la tasa de mortalidad masculina por cirrosis se encuentra en 17,2 casos cada 100 mil habitantes, y el 49% de esas muertes se deben al alcohol. Y la tasa de mortalidad por accidentes de tránsito es de 26,4 varones cada 100 mil habitantes, de las cuales 12,5 % son atribuibles al alcohol.
Según el médico psiquiatra Javier Didia Attas, presidente honorario del capítulo de drogadependencia y alcoholismo de Asociación de Psiquiatras Argentinos y de la Asociación de Conductas Adictivas y Patología Dual de Iberoamérica, “los cambios de hábitos se deben en parte a que las empresas de bebidas alcohólicas difunden publicidades enfocadas en adolescentes y jóvenes y les venden la idea de que cuanto más toman, mejor la pasan”.
Desde la Organización Panamericana de la Salud, Maristela Monteiro, asesora en abuso de alcohol y sustancias, advirtió que “los productores de bebidas alcohólicas están ejerciendo una creciente influencia en las políticas públicas en nuestra región (América), a través del patrocinio de la industria de la investigación, o en el desarrollo de políticas”. Y agregó: “Esto está demorando la adopción de las medidas más costo-efectivas”. Desde la cartera nacional, Dománico informó que se trabaja poner en debate el consumo nocivo del alcohol en cada municipio, entre los diferentes actores involucrados.